Padre celestial, hoy vengo delante de Ti creyendo que Tú existes y que eres galardonador de quienes te buscan. Señor, aumenta mi fe. Quiero tener la fe de Abel para ofrecerte lo mejor de mi corazón. La fe de Enoc para caminar contigo cada día. La fe de Noé para obedecerte aunque todavía no vea lo que Tú estás preparando. La fe de Abraham para salir de mi zona conocida cuando Tú me digas: “Ve”. La fe de Sara para creer que Tus promesas pueden cumplirse aun cuando humanamente parezcan imposibles. La fe de Moisés para escoger Tu voluntad por encima de las riquezas y comodidades de este mundo. Padre, ayúdame a vivir por fe y no por vista. Cuando vea obstáculos, ayúdame a mirar Tu poder. Cuando vea puertas cerradas, ayúdame a recordar que Tú puedes abrir caminos donde no los hay. Cuando tenga miedo, recuérdame que Tú estás conmigo. Cuando no tenga respuestas, enséñame a confiar. Hoy pongo delante de Ti mi necesidad de empleo, mis responsabilidades económicas y todo aquello que me preocupa. No quiero permitir que la ansiedad sea mayor que mi fe. Declaro que mi provisión viene de Ti. Como Abraham esperó la promesa, enséñame a esperar. Como Moisés perseveró, enséñame a perseverar. Como los hombres y mujeres de Hebreos 11 caminaron creyendo en lo que todavía no veían, ayúdame a caminar confiando en Ti. Señor, si tienes una puerta preparada para mí, llévame hasta ella. Dame gracia delante de las personas correctas, favor en las entrevistas y sabiduría para reconocer Tu dirección. Pero por encima de mi petición, quiero decirte: “Señor, no quiero solamente que me des lo que estoy pidiendo; quiero que se haga Tu voluntad en mi vida.” Renuncio al temor, a la desesperanza y a pensar que todo depende de mis propias fuerzas. Hoy decido creer. Creo que Tú eres fiel. Creo que Tú puedes sostenerme. Creo que Tú puedes abrir camino. Creo que Tus tiempos son mejores que los míos. Y aunque todavía no vea la respuesta, seguiré confiando en Ti. Padre, recibe este ayuno como una expresión de mi dependencia de Ti.