Es súper tentador rendirte —o empezar a buscar otras alternativas— cuando tu negocio de coaching parece no despegar. Créeme, yo también pasé por ahí. Entré al mundo del coaching en el 2018 con la esperanza de no tener que trabajar para nadie más y poder vivir de mi coaching. Pero no tenía ni idea de lo DIFÍCIL que iba a ser… No tenía experiencia previa en negocios. Intenté una versión de mi oferta. Luego otra. Y luego otra más… Y así pasé más de 2 años sin ver los resultados que esperaba. Me sentía derrotada, frustrada y cargada emocionalmente, porque en mi mente creía que mi esposo estaba esperando resultados de mí. Incluso llegué a pensar en regresar a trabajar en una factoría. Sí… fue humillante, vergonzoso y, honestamente, ¡NO QUERÍA TENER QUE LLEGAR A ESO! Pero entonces ocurrió algo muy interesante. A través de todos mis fracasos, aprendí a construir todos los elementos de un negocio: crear páginas web, instalar sistemas, crear ofertas irresistibles, estructurar programas de coaching high-ticket, escribir copy persuasivo, diseñar imágenes, logos, vender y mucho más. Básicamente, aprendí todo lo que sucede detrás de escena… entre lágrimas, frustraciones y muchas dudas. Y ese proceso doloroso de más de 2 años, irónicamente, fue lo que me permitió crear mi primer programa de coaching exitoso. Luego comencé a prestar mis servicios como mentora de coaches en formación para organizaciones renombradas como Kingdom Builder Academy, mientras al mismo tiempo hacía crecer mi propio negocio. Hace 3 años tomé la decisión de enfocarme en una sola cosa: ayudar a coaches, mentoras y educadoras digitales a clarificar, estructurar y sistematizar sus negocios para que puedan tener clientes, cumplir con su llamado y vivir la vida abundante por la cual Jesucristo pagó el precio. Porque la mayoría de las coaches no logran tener clientes, no porque no sean buenas… No porque Dios no las haya llamado… Sino porque todavía no han desarrollado la claridad que se requiere, no se han enfocado en una sola oferta y no han elevado su identidad.