Durante un webinar de Jonathan Pérez en sus comunidades Launch 10K en 24 horas y UVE. Y quiero empezar pidiendo disculpas. No por haberme quedado dormido. Sino porque, durante unos minutos, el cansancio pudo más que yo en un webinar de casi cuatro horas. Venía de un viaje largo. Llevaba muchas horas despierto. Y, como tantos otros, llevaba cinco años asistiendo a este tipo de formaciones intentando aprender aquello que pudiera ayudarme a comunicar mejor mi trabajo. No me avergüenza reconocerlo. Lo que sí me ha dolido profundamente ha sido comprobar que ese momento sirviera para cuestionar públicamente mi capacidad profesional y, aún más, para utilizar información personal que yo había compartido en privado sobre mis dificultades económicas como argumento para desacreditarme. Eso no habla de mis finanzas. Habla de otra cosa. Durante treinta y cinco años he trabajado como médico, periodista científico, directivo en comunicación sanitaria, industria farmacéutica, hospitales, aseguradoras y salud digital. He cometido errores, como cualquiera, pero siempre he procurado que el respeto hacia las personas estuviera por encima de cualquier estrategia comercial. Por eso me ha hecho reflexionar mucho lo ocurrido. No porque alguien ironizara sobre que me hubiera dormido. Eso tiene poca importancia. Sino porque ilustra una forma de entender el éxito que cada vez veo con más frecuencia. Una forma de pensar en la que el que duda es débil. El que se cansa es poco comprometido. El que no alcanza determinadas cifras económicas es porque “no lo desea lo suficiente”. Y el que cuestiona el método simplemente tiene una mentalidad equivocada. Llevo cinco años asistiendo a webinars de este tipo. He aprendido cosas valiosas. Sería injusto negarlo. Pero también he observado cómo, poco a poco, el respeto por las personas ha ido cediendo terreno frente a una narrativa mucho más agresiva: si triunfas, el mérito es del método; si no lo consigues, la culpa es exclusivamente tuya. No comparto esa visión.