Hace unos días tuve la oportunidad de estar debajo de Maman, la enorme escultura de Louise Bourgeois 🕷️ Y tengo que reconocer que sentirme allí debajo me produjo una emoción difícil de explicar. Había alegría, por supuesto, pero también una especie de honor. Durante mi formación en Artes Expresivas había estudiado Maman, había hablado sobre ella, había conocido su historia ¡y de repente estaba allí, delante de la obra! Lo que había sido objeto de estudio se convirtió en una experiencia. Y estar ahí debajo no es lo mismo que verla en una fotografía. Es inmensa. Impone. Puede despertar algo de inquietud y al mismo tiempo hay algo profundamente protector en ella. Bourgeois creó esta araña como un homenaje a su madre, a quien recordaba como una mujer protectora, inteligente y paciente. La madre de Louise Bourgeois trabajaba restaurando tapices. Por eso la araña, tejedora, paciente, reparadora, se convirtió para ella en una poderosa imagen de lo materno. Quizá no sea casual que Bourgeois encontrara en el arte una manera de transformar recuerdos y emociones en formas que podemos contemplar, sentir y volver a significar. Y eso me hizo pensar en algo que está muy presente en las Artes Expresivas: a veces no podemos explicar con palabras todo lo que llevamos dentro, pero podemos darle una forma. Una imagen, un movimiento, una escultura, un dibujo, una historia, una poesía… El arte puede convertirse en un lugar donde explorar aquello que todavía no sabemos nombrar. No necesitamos ser artistas. No necesitamos saber dibujar, pintar o escribir bien. Necesitamos permitirnos experimentar. Porque cuando creamos, no estamos solamente produciendo algo fuera de nosotrxs. También podemos descubrir algo que estaba dentro. Quizá por eso las Artes Expresivas tienen un lugar tan especial en Territorio Calma ☺️👩🏽🎨 No para hacer “arte bonito”. Sino para explorar, expresar y encontrar recursos desde otros lugares distintos a la palabra. Y quizá la próxima vez que estés delante de una obra de arte puedas preguntarte: