Algo me ha tumbado durante 10 días. He sentido mi cuerpo agotado, mis pulmones colapsados y mi mente embotada. Si un virus ha entrado en mi organismo ha sido porque mis defensas estaban bajas. Pero no quiero quedarme solo en eso. Me gusta ir al mundo emocional a descifrar el origen de todo. Sí. A pesar de que tome vitamina C de muchas formas cada día, a pesar de que mantenga mi estado de ánimo positivo, a pesar de que viva en un pueblo en la montaña, algo agotó mi sistema inmunológico. Y ¿sabes qué ha sido? Algo que está haciendo estragos en nuestra sociedad y que llena las salas de urgencia directa e indirectamente. Sí, hablo del estrés. Nuestro sistema nervioso central colapsa de mil maneras. Algunas veces de forma silenciosa. Como PAS (Persona Altamente Sensible) soy muy vulnerable a los estímulos externos, por eso me mude a un entorno rural. Pero, aunque he escapado del bullicio urbano, hay algo de lo que todavía no he podido escapar, mi propio ruido mental. Ruido en forma de preocupaciones presentes, de miedos futuros y de culpas pasadas. Aparentemente el trabajo de nuestra mente es analizar el pasado para evitar cometer los mismos errores en el presente y adelantarse a las amenazas del mañana. La mente quiere controlar para evitar riesgos. Y cuando la mente ve peligro inminente se activan los mecanismos del estrés. Pero la mayoría del peligro solo está ocurriendo en nuestra mente, que está creando escenarios amenazantes con el propósito de anticiparse. La mente quiere controlarlo todo. Pero eso no es más que ruido mental. ¿Qué pasará sí…? Ruido. ¿Qué voy a hacer sí…? Ruido. ¿Tendría que…? Ruido. ¿Debería…? Ruido. Ruido, ruido, ruido. Vivimos en una gran ilusión. Es la ilusión de control. Pero cuando la vida te tumba, descubres que no puedes controlar nada. Que la vida se controla sola a sí misma. Mientras mi cuerpo se recuperaba mi mente ha estado en pausa. Sin querer controlar. Sin luchar contra lo que estaba viviendo. Sin ser arrastrada por el pánico.