Bodetín Digital es una aplicación apoyada en inteligencia artificial para alumnos de primaria y secundaria, que busca acercarse a la promesa de una educación personalizada: que el tutor pueda crecer con el niño, entender qué sabe, qué le falta por comprender, cómo aprende mejor y cómo puede acompañarlo en su desarrollo académico y emocional. En la entrega anterior conté cómo entré al mundo de Google Cloud casi a ciegas: Cloud Run, Cloud Shell, consola, terminal, editor, permisos, comandos y un lenguaje técnico que apenas empezaba a reconocer. Esta parte del camino fue especialmente interesante porque pasé de una idea aparentemente sencilla: “mandemos lo que dice el niño a una IA y regresemos una respuesta” a entender que una conversación real con IA es una arquitectura mucho más compleja. El primer camino que probamos era relativamente lógico. Unity ya podía capturar lo que decía el usuario y convertirlo en texto. Entonces el flujo parecía sencillo: Unity manda texto al backend.El backend envía ese texto a un modelo de Gemini.Gemini responde con texto.El backend convierte ese texto a voz con un servicio de TTS.Unity recibe el audio.Bodetín habla. Visto así, parecía una ruta razonable. Y para mí, que venía de WordPress y de entender los sistemas como una suma de módulos, tenía bastante sentido: una parte recibe, otra procesa, otra responde, otra convierte a audio y otra reproduce. Pero la realidad fue menos limpia. Lo primero fue aprender a moverme con más soltura entre la terminal y el editor. En Google Cloud Shell, el chat me pedía crear archivos, modificar app.py, instalar dependencias, revisar errores, desplegar Cloud Run y verificar respuestas con comandos. Al principio yo copiaba instrucciones sin entenderlas del todo. Después empecé a preguntar obsesivamente: ¿esto dónde va, en la terminal o en el editor?¿qué estamos cambiando?¿qué pasa si esto rompe el backend?¿cómo sé si el deploy realmente funcionó? Ahí aprendí una diferencia que puede parecer obvia para alguien técnico, pero para mí no lo era: