De vuelta a casa me ha dado por reflexionar ya que soy un principiante en el mundo del arte. Empezar siendo principiante no es una desventaja, es una posición poderosa. Significa que todavía no estoy limitado por hábitos, ego o miedo a "hacerlo mal". Siempre hay esa pequeña duda de no querer hacerlo mal, pero es imposible no hacerlo mal al principio, todo tiene su proceso y cada proceso viene acompañado de dudas entre otros. Los expertos suelen proteger lo que ya saben, el principiante en cambio, puede transformarse. La diferencia entre quien logra algo extraordinario y quien abandona rara vez es el talento. Casi siempre es la capacidad de seguir adelante cuando todavía no hay resultados visibles. He apuntado en el móvil una parte muy profunda de esta reflexión que dice así: "Un árbol tarda años en crecer, pero durante mucho tiempo todo ocurre bajo tierra. Nadie aplaude las raíces." Tengo claro que mis primeros intentos quizá se vean torpes, como de alguien que no tiene ni idea siquiera de dibujar, que parece que lo esta haciendo un niño pequeño, pero no me preocupa. Mis avances quizá no impresionen a nadie. Pero cada repetición está construyendo una versión futura de mi que hoy todavía no puedo ver. Y otra cosa importante, que no se me olvide... No necesito sentirme listo para empezar. La confianza no llega antes de actuar, llega después de sobrevivir muchas veces a la incomodidad de no saber. Fluir dentro de la incomodidad es lo que nos hace diferentes. Todos los que admiro fueron en algún momento, personas confundidas practicando a solas.