El andar valiente del gorrión, esclavo de arquitecturas traviesas para su Crianza, se convirtió en un acueducto por donde no entraban las ansias de sobrevivir, viviendo, volando.
Un tambor redobla campanas sin eco, sin pueblo que las escuche, sin piedad. Ansiosas campanas inadvertidas salo por un Dios que quizá tampoco escuche el repicar. El maestro se sienta. Oh capitán, oh whitman mío, contestan los alumnos. Mi comunidad, dice el maestro, soy yo, solo yo, un espejo en ellos. Mi comunidad vive.