En 1973, el psicólogo David Rosenhan publicó un estudio en el que él y once personas sanas fingieron oír voces para ingresar en hospitales psiquiátricos. A todos los admitieron y les diagnosticaron trastornos mentales. Una vez dentro, se comportaron con normalidad, pero nadie del personal los detectó: hasta tomar notas se interpretaba como síntoma. Estuvieron ingresados una media de 19 días y solo salieron aceptando que estaban enfermos. En una segunda fase, un hospital retó a Rosenhan a enviarles impostores. El personal señaló a 41 pacientes como sospechosos. Rosenhan no había enviado a nadie. Su conclusión fue que en un psiquiátrico no se distingue al cuerdo del loco, y el estudio marcó décadas de crítica a la psiquiatría. El giro final: en 2019 la periodista Susannah Cahalan demostró que Rosenhan ocultó datos, falseó citas y probablemente se inventó a varios participantes. El experimento que denunciaba diagnósticos falsos era, él mismo, un fraude. Rosenhan falseó su experimento. Pero lo que denunció era real. Pablo escribió que algunos predicaban a Cristo por envidia y rivalidad, y aun así concluyó: "de todas maneras Cristo es anunciado, y en esto me gozo" (Filipenses 1:15-18). Si tenemos la intención de predicar, ¿el fin justifica los medios?¿El evangelio "tibio" justifica que se predique la verdad? Si o no, y justifica tu respuesta, si quieres puedes compartir un caso real.