Mi lista de suplementos, por orden de importancia.
Suplemento n.º 1: 8 horas de sueño. Todas las noches. A la misma hora. Me aporta más que cualquier cosa que me hayan vendido en una conferencia. Suplemento n.º 2: Pasear al aire libre con una compañera de entrenamiento de cuatro patas y 9 kilos. Ella no tiene ni idea de lo que es la salud metabólica. Nunca se ha perdido una sesión. Suplemento n.º 3: Piel al descubierto apuntando al cielo. Duración: de 10 a 15 minutos. Complejidad: cero. Simplemente me quedo ahí de pie. Suplemento n.º 4: Agua. A temperatura ambiente. Sin nada añadido. La bebo y luego bebo más. Ese es el protocolo. Suplemento n.º 5: Comida con ingredientes que puedo identificar sin tener un título en química. Suplemento n.º 6: Tres minutos de respiración consciente forzada. Parece que estoy respirando mal pero a mi presión arterial no le importa mi aspecto. Suplemento n.º 7: Sentarme frente a otra persona y mantener una conversación. Sin pantallas entre nosotros. Este es el que a la mayoría de la gente le falta. Coste total: insignificante. Base empírica: décadas. Número de personas que intentarán venderte este conjunto: cero. No hay margen de beneficio en ello. Sin embargo, es la base de cualquier intento de recuperar el auténtico bienestar y estar en disposición de multiplicarlo con la longevidad consciente.