Yo respondo todos los comentarios, en LinkedIn y acá. Pero no los escribo a mano: los preparan mis agentes y cada uno pasa por mí. Lo edito, le pongo mi voz y lo que sé del tema, y recién ahí sale. Así no se me pasa ninguno y no dejo cosas a medias. Las notificaciones de LinkedIn son horribles. Esta semana uno de mis agentes me mintió. Y le creí. Empezó con las respuestas de LinkedIn: se publicaban según el sistema, pero no aparecían por ningún lado. La API contestaba "recibido" y mi script lo leía como "publicado". Decidí migrar a la versión nueva de esa API. La migración iba en dos partes: mis scripts, y mi agente Hermes. Los scripts los trabajé con Opus 4.8, el modelo más caro que uso. Me dijo que una parte de la API estaba caída, que devolvía error 500, que no se podía migrar todavía. Y escribió un documento entero, quemando tokens, explicando por qué no se podía. Hermes corre con Qwen 3.6, un modelo chino abierto de 35B que tengo andando en un fierro en mi casa. Gratis. Ni siquiera es el mejor de su familia. Hizo la migración de inmediato y la estoy usando ahora. Nada estaba caído. El identificador del post estaba mal armado. Y cuando le mandas uno inventado, esa API no te dice "esto está mal": responde 200, lista vacía, silencio. Tuve que forzar a Opus a entender que lo estaba haciendo mal. Mi cagada no fue el código. Fue creerle a un agente porque sonaba seguro, y no ir a mirar el resultado real. Delegar no es soltar. El modelo más caro te puede escribir tres páginas justificando un problema que no existe, mientras el más barato ya lo resolvió. Esa es la mía de esta semana. Ahora va la tuya. Acá no venimos a contar lo lindo. De la cagada de otro se aprende más que de su captura de pantalla con los números bonitos. Cuéntame una tuya, aunque sea chica.