Frágil y breve resplandece el día, vive la llama sin saber que oculta cauces de sueño, y, peregrina, entona himnos al éter que ha de llevarse nuestra cruz consigo. Vida es el nombre de la luz dormida, muerte, la pausa que sostiene el canto, música y polvo. Si no muriéramos, el alba misma sería deuda sin milagro alguno, todo lo bello se reclina, dócil, rumbo a la tierra, donde germinan los veranos nuevos. Bebe del sol que se derrama y huye, solo se pierde lo que no se entrega, fuerza encendida.