El ciclismo de montaña es chevere, decía mi esposo ciclista.
Hace unas semanas decidí dar el paso y empezar a practicar este deporte. Todo iba de maravilla, sintiendo la adrenalina y conectando con la naturaleza, hasta hace unos días. El terreno me cobró la novatada y terminé en el piso.
El resultado un buen tortazo en la cabeza, la dignidad por el suelo (igual que yo) y una colección de morados en las piernas y las nalgas. 😅
Les miento si les digo que no me dolió o que no sentí ganas de dejar la bicicleta guardada. El miedo se instaló en mi cabeza.
Pero hoy decidí que un par de raspones y unos morados no van a definir mis límites. Volví a subirme a la bici. Con las piernas temblorosas, con el corazón acelerado y con miedo y todo, pero decidí no rendirme.
La lección de esta caída es simple, rendirse siempre será la opción más cómoda, pero avanzar con miedo es lo que realmente nos hace crecer. Si te caíste en un proyecto, en una relación, en tus metas, límpiate las rodillas, respira hondo y sigue adelante.