Tenía desde hacía mucho tiempo una máquina de coser en casa.Y aun así, nunca había cosido.
La costura estaba en mis planes. Pero no en mi agenda.
No tenía tiempo.
No sabía patronaje.
Trabajaba fuera.
Y tenía una hija pequeña.
Hasta que un día pensé algo muy simple: y si coso un mantel?
Así que lo hice. Era un rectángulo. Cortar, coser y nada más.
No había curvas. No había cuerpo. No había miedo a “equivocarme”.
Y funcionó.
No quedó perfecto. Pero quedó real. Y, sobre todo, fue mi primer movimiento.
Ahí entendí algo que hoy repito mucho:
A veces, el verdadero inicio no es saber más, sino esperar menos. 💟💟