Haber trabajado en el departamento de comunicación de un club me ha permitido entender que el contenido en redes no responde únicamente a una lógica informativa, sino también a una planificación estratégica. El club actúa como emisor directo de su propia narrativa, seleccionando los enfoques y los tiempos en función de objetivos de imagen, posicionamiento y relación con sus públicos.
Este marco no invalida el rigor del contenido, pero introduce una diferencia estructural respecto al periodismo tradicional, donde la independencia editorial es un principio central. En la práctica, el contenido que generan los clubes convive entre dos lógicas: por un lado, adopta herramientas propias del periodismo (verificación, storytelling, formatos informativos, gestión de fuentes internas) y, por otro, responde a una estrategia de comunicación institucional donde el control del mensaje es inevitable. No se trata tanto de una contradicción, sino de una convivencia entre información y posicionamiento corporativo, especialmente en un entorno digital donde los canales cumplen funciones muy diferentes según el público y el contexto.
Quizá la cuestión que planteo no es debatir sobre si es periodismo o no, sino si el consumidor es consciente de quién construye el relato y con qué objetivos. ¿Debe el público exigir a los canales oficiales de un club el mismo nivel de pluralidad y contraste que a un medio independiente? ¿O debemos entenderlos como una fuente informativa legítima, pero necesariamente parcial? Me parece interesante abrir este debate para reflexionar sobre dónde situamos los límites entre información, comunicación corporativa y entretenimiento dentro del ecosistema digital de información en el mundo del fútbol.