Mañana la atención de los mercados estará puesta en la Reserva Federal de Estados Unidos y en la primera decisión de política monetaria encabezada por Kevin Warsh desde que asumió la presidencia del banco central el pasado 22 de mayo.
El mercado prácticamente da por descontado que la Fed mantendrá las tasas de interés sin cambios en el rango de 3.50% a 3.75%, prolongando la pausa que ha predominado durante los últimos meses. La verdadera incógnita no es la decisión en sí, sino el mensaje que acompañará al comunicado.
Los inversionistas estarán atentos a la actualización de las proyecciones económicas, al famoso “dot plot” y, sobre todo, a las primeras señales que Warsh envíe sobre el rumbo de la política monetaria para la segunda mitad del año.
Su llegada ocurre en un entorno particularmente complejo. La inflación en Estados Unidos se mantiene en niveles elevados, impulsada por el encarecimiento de la energía tras las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y por el impacto de las políticas arancelarias implementadas por la administración Trump.
Por ello, más que la decisión de mañana, el mercado buscará respuestas sobre una pregunta clave: ¿está la Fed preparada para mantener una postura restrictiva por más tiempo o comienza a vislumbrarse una ventana para futuros recortes de tasas?
La conferencia de prensa de Warsh podría ofrecer las primeras pistas.