Ayer puse en práctica la estrategia que nos enseñó Paula de poner los límites desde el “como sí quiero sentirme o que me traten”.
Estaba en una conversación donde una persona comenzó a hablar con la voz alzada, con un tono más de mando. En ese momento, en lugar de cerrarme o sentirme pequeño, desde el amor y la calma le dije:
“¿Me puedes hablar con más cariño?”
Fue un momento muy lindo, porque sentí que puse una barrera sana antes de dejar de sentirme grandioso.
Y lo mágico fue que la otra persona, sin que yo dijera nada más, se detuvo de golpe, como si viniera a 100 km por hora, frenando casi en seco y se diera cuenta de su forma de actuar, se reguló sola, y yo solo necesité expresar, desde el corazón, cómo sí quería ser tratado. Me sentí liviano, coherente y muy en paz. Fue una validación hermosa de lo que hemos aprendido: que los límites también pueden ser amorosos y expansivos. 💫