Te duele porque te aferraste.
No porque era el amor de tu vida.
Lo que más cuesta no es perder a alguien.
Es aceptar que idealizaste a alguien que no era para ti.
Aquí no romantizamos el dolor.
Lo transformamos.
¿Sigues extrañando a la persona…
o extrañas la versión tuya que eras con ella?