Hay algo que casi nadie dice sobre sanar:
No siempre se siente bonito.
A veces sanar es darte cuenta de que toleraste cosas que no merecías.
Es aceptar que confundiste intensidad con amor.
Es reconocer que te abandonaste por no perder a alguien.
Y eso duele.
Pero también libera.
Porque el día que lo ves con claridad, ya no puedes volver a engañarte.
Hoy no te preguntes a quién estás perdiendo.
Pregúntate: ¿me estoy recuperando a mí?
Ese es el verdadero avance.
Si esto resuena contigo, déjalo en los comentarios con un “Estoy volviendo a mí”.