Entiendo ahora, y con mayor claridad, que enseñar las Escrituras no es solamente un privilegio sino que además exige disciplina, humildad y total dependencia del Espiritu Santo. Por todo esto, mi deseo (pasión) es seguir preparándome y creciendo en el conocimiento y teniendo madurez espiritual para manejar de forma correcta la Palabra de verdad y así poder servir con excelencia.
Gracias porque estamos juntos en este proceso de aprendizaje y pido al Señor nos siga uniendo en el amor por su Palabra y con el compromiso de vivirla y enseñarla para su gloria. Bendiciones