ChatGPT acababa de salir. Lo probaste. Todo el mundo lo hacía.
Era impresionante, sí. Pero tú pensabas: “¿De verdad es para tanto? ¿Tan grande como para justificar que OpenAI valga cientos de miles de millones mientras pierde miles de millones al año?”
Y tu cabeza decía: “esto huele a burbuja”.
Tenías razón en sentirlo. Pero eso fue hace tres años.
Y en años de IA, tres años equivalen a una vida entera.
Hoy, la distancia entre lo que crees que es la IA y lo que realmente está ocurriendo puede ser —sin exagerar— el malentendido más decisivo de tu carrera.
Esa idea de que “la IA es una burbuja” no es un análisis; es un mecanismo de defensa.
Yo no soy ingeniero de OpenAI ni trabajo en DeepMind. No tengo acceso a lo que está por venir.
Pero llevo años viviendo entre estas herramientas, conversando con gente de todos los sectores y observando hacia dónde fluye el dinero, la atención y el talento.
Y lo que veo —el ritmo, la escala, el cambio— ya no puedo callármelo.
No quiero sonar apocalíptico (aunque un poco sí lo soy).
Porque la pregunta que más me repiten es:
“Andy, ¿esto de la IA es de verdad o es otra burbuja?”
Hasta hoy, respondía con la versión prudente.
La segura. La cómoda.
La falsa.
Esta es la verdadera:
En 2026, creer que la IA podría ser una burbuja es la creencia más peligrosa que podrías tener.