Blaise Pascal, genio precoz de las matemáticas y la filosofía, escribió hace más de tres siglos una frase que sigue golpeando como un espejo:
“La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa:
su incapacidad de quedarse quieto en su habitación.”
No hablaba de cuarentenas ni de aislamiento. Hablaba de la incapacidad de estar con uno mismo.
Pascal observó que el ser humano, incapaz de sostener el silencio interior, sale al mundo buscando distracciones: conquistas, placeres, pantallas, conversaciones sin pausa. Todo sirve para no mirar hacia dentro, para evitar sentir el vacío.
Ese vacío no es un enemigo; es simplemente el espacio que dejamos cuando olvidamos quiénes somos.