Manifiesto de mi comunidad: "El Código del Amor Propio"
Si estás cansado de sentir que te pierdes en los demás, de esforzarte, dar, aguantar y sostener, y aun así terminar con un vacío que nadie llena. Si te prometes que esta vez vas a elegirte, pero vuelves a caer en lo mismo. Si te engancha quien no te cuida, si te cuesta soltar, si esperas demasiado de quien da demasiado poco. Entonces ya lo sabes. El amor propio no es una frase bonita. Es una decisión diaria. Y se nota en lo que toleramos, en lo que elegimos y en lo que ya no negociamos. Una vida plena no empieza cuando alguien nos elige. Empieza cuando dejamos de abandonarnos. Porque el problema no es amar demasiado. El problema es amar desde la necesidad. Desde el miedo y desde el vacío. Y eso no es un fallo personal, es un código aprendido. Un código que se instala sin que nos demos cuenta. Que nos hace confundir amor con esfuerzo y nos hace llamar conexión a lo que en realidad es dependencia. Que nos hace justificar lo injustificable y quedarnos donde ya no hay paz esperando migajas como si fueran banquetes. Y cuando lo entendemos, algo cambia. Empezamos a mirar distinto, a ver con claridad. Empezamos a recuperar poder. En El Código del Amor Propio sabemos algo: muchas personas repiten patrones porque hay algo más profundo dirigiendo su vida: Códigos inconscientes. Heridas emocionales. Mecanismos de supervivencia que un día tuvieron sentido y que hoy sostienen sufrimiento. Y lo más importante es esto: cuando empezamos a verlo, empezamos a salir. Porque ya no se trata solo de entender por qué nos enganchamos. Se trata de aprender a elegirnos de verdad, de sostener límites sin culpa. De dejar de mendigar afecto y de negociar nuestra dignidad por miedo a perder. Y entonces ocurre algo que muchos no se imaginan hasta que lo viven: la paz empieza a volverse un lugar habitable. Ya no buscamos que alguien nos complete. Nos convertimos en alguien que se sostiene. Ya no entramos en vínculos para tapar heridas. Entramos desde la presencia.