A veces camino tan de prisa,
con la mirada fija en lo que quiero ser,
que olvido mirar atrás,
olvido honrar a la que fui.
Esa que un día dudó,
pero aún así siguió andando.
La que cayó tantas veces,
y con manos temblorosas se volvió a levantar.
La que creyó que no podía,
y aún así lo intentó.
La que lloró en silencio,
pero jamás dejó de soñar.
Hoy quiero agradecerle,
porque sin ella, no estaría aquí.
Porque en cada miedo vencido,
me dejó un regalo de valentía.
Así que me detengo, respiro y susurro:
"Gracias por no rendirte. Gracias por ser VOS."