No es falta de tiempo.
No es falta de talento.
No es mala suerte.
Es lo que no estás haciendo…
aunque sabes que deberías.
Te quejas… pero no cambias.
Quieres más… pero haces lo mismo.
Sabes qué te frena… y aún así lo repites.
La verdad incómoda:
no estás perdido… estás cómodo.
Y eso cuesta más que cualquier fracaso.