Cierro los ojos y respiro hondo; en el silencio aparece ese hilo cálido que nunca se cortó. No hay adiós que pueda romperlo.
No los buscás: ellos nos rozan cuando el ruido baja. Dejá que la gratitud sea la puerta; la ausencia se vuelve compañía cuando les hablás como si estuvieran sentados a tu lado, porque lo están.