Emprendí muy joven. Sin experiencia y sin dinero. Con muchas ganas, eso sí. Pero sobre todo con mucha necesidad.
Ya era mamá y no solo quería ganar dinero. Quería hacerlo sin renunciar a pasar tiempo con mis hijos. Y para darles la calidad de vida que quería darles.
Emprender me permitió llevarlos y buscarlos del cole. Me dio la libertad de quedarme en casa cuando se ponían malitos. Y organizarme las vacaciones con ellos.
Ahora mis hijos son grandes. Y mi madre es mayor. Afortunadamente es una mujer independiente y con mucha energía. Emprender online, desde casa, me permite comer con ella cada día. Eso sí, ella es la que cocina.
Por eso mi propósito es ayudar a las mujeres a emprender para conciliar.
Emprender no es fácil. No te voy a engañar. Yo viví muchos altibajos económicos. Y emocionales. Pero todo eso me ayudó a ser fuerte, resiliente, a superarme a mí misma en cada bache.
Pero, además, emprender me enseñó algo muy valioso: a vender.
Saber vender es lo que garantiza que tengas éxito en cualquier negocio. Porque las ventas es lo que hace que las empresas funcionen. Sin ventas, no hay paraíso.
Y no solo es saber vender. Sino vender-te.
Sin saber vender habría tenido que buscarme la vida de otra manera. Y no me gustan esas otras maneras que se me ocurren (horarios interminables en una oficina, atascos o aglomeraciones en el metro o bus, aguantar a un jefe o lidiar con compañeros trepas, vacaciones escasas y con condiciones…)
Cada día veo gente que se lanza por su cuenta sin aprender a emprender ni a vender. Y al poco tienen que cerrar.
Lo peor de tener que cerrar un negocio no es el coste económico. Es el emocional. Es el golpe que tu auto estima recibe. No es la pérdida de dinero. Es la pérdida de confianza en ti misma.
Gracias a mi habilidad con las ventas tengo la certeza de que “nunca más volveré a pasar hambre”.
Y tú, ¿cuál es tu experiencia con las ventas?, ¿tienes la habilidad de vender lo que haces?
Me encantará leerte.