A veces el cansancio no viene de hacer demasiado,
sino de hacer sin sentido.
El cuerpo puede sostener carga,
pero el alma se agota cuando no entiende por qué camina.
No todo descanso es detenerse.
Hay cansancios que se alivian
cuando se recuerda la dirección.
Cuando sabes para qué haces algo,
el peso se ordena.
Cuando lo olvidas,
todo parece demasiado.
No siempre necesitas soltar.
A veces necesitas recordar.