Hay momentos en los que la reacción parece necesaria.
Responder rápido, defenderse, aclarar, corregir.
Pero no toda respuesta nace de la claridad.
Algunas nacen del impulso.
El impulso quiere aliviar la incomodidad inmediata.
La claridad sabe esperar el momento justo.
No todo silencio es debilidad.
A veces es dominio.
Responder desde el centro
no es lo mismo que reaccionar desde la herida.
Y cuando aprendes a distinguir eso,
muchas batallas dejan de ser necesarias.